El siglo pasado,

Como parecía estar al alcance de las manos, los genios de la antigüedad intentaron descifrar todos los secretos del universo.

  • Encontraron de qué están hechas todas las cosas y
  • Contaron de principio a fin la historia del universo.
  • Cuando no supieron si sería de una u otra forma enumeraron las posibilidades.

Y fue celebrando la infinidad de secretos naturales que sí podemos ver, que encontraron unos límites bien claros separándonos de lo que no podemos.

Encontraron infinitos más grandes para los que los nombres no nos alcanzan.

Encontraron abismos tan pequeños que no podemos atisbar sin perderlos.

Y otros tantos demasiado lejos que siguen huyendo de nosotros.

Se necesitaron muchos pares de ojos porque cada uno estaba atento a su rincón preferido. Porque cada uno describía ese lugar de ensueño hasta el cansansio y aún así el lugar no confiaba todos sus secretos.

Porque cada uno de ellos se llevaría lo que vio si no lo compartía, y porque en ciencia se necesita imaginar lo que hay detrás para poder llegar a verlo.

Estábamos embriagado de un poder que vimos cómo colapsaba. Y así llegó la postmodernidad.

Y si el mundo moderno prometía que ya pronto lo sabríamos todo, que ya pronto alcanzaríamos dádivas y alegrías…

El nuevo mundo “avanzaba” pero el rumbo ya no fue claro nunca más.

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