Convertir la voz individual en voz colectiva

Un día de campechana leímos un texto acerca de la capacidad de la tecnología para empoderar las conversaciones. Soñaba su autor que «el ordenador» nos ayudaría a organizar y compartir de maneras insospechadas pero eficientes.

Y es que lo que hablamos se nos escapa y jamás regresa. Más bien se desvanece con el tiempo o entre otras voces.

Pero lo que escribimos permanece (bendición y maleficio). Podemos regresarle, referirle, enlazarle… O guardarle «pa’ cuando tengamos tiempo».

Podemos tomar el tiempo de pensar las cosas y emborronar el cuaderno hasta quedar conformes.

La dosis de eternidad que tiene la escritura nos invita a cuidar las palabras.

El poder del blog está en la intimidad compartida que a veces llamamos conversación.

(Eso es, si no hay conversación, no hay poder en el blog.)

Es una conversación pública. A la que entramos por intereses en común y no por circunstancias geográficas.

Porque supera el tiempo y sólo quedará el aquí, supera el espacio y sólo quedará el ahora. Y entre el aquí y el ahora ¿No crees que nos veamos un par de veces?

Juan Salvador Gaviota.

Y a pesar de eso, el blog sigue siendo algo muy personal. Un ejercicio de intimidad y autonomía.

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